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24 de mayo de 2009

Reflejo

Simetría, mirada.
La noche se agacha.
Se esconde y no es clara.
¿La quieres tú, porque nos llama?
El día viene, busca el alba.
Mis ojos atraviesan la ventana,
fiel reflejo de vida intensa,
fuerte y malva.

24 de abril de 2009

Rosa rosae

Volvía ya para casa tras una nueva jornada de Sant Jordi, en la que lamentablemente no había podido disfrutar del callejeo y vagabundeo entre paradas de venta de libros y rosas. Pero el día fue bastante literario, porque volví a comenzar un taller de escritura creativa, donde, dicho sea de paso, me reencontré con antiguas alumnas y con algún que otro nuevo reto. En fin, que ya era de noche y volvía a casa con las manos vacías. Vacías de libros recién comprados para la ocasión, pero con un montón de volúmenes de relatos y de didáctica de la escritura en el bolso.
Y vacías también de rosas recién regaladas. Pero no iba triste, todo lo contrario, porque ayer me reconcilié con esta fiesta tan catalana, tan literaria y tan poéticamente romántica.
En realidad, iba pensando, recordando, otra noche en la que un desconocido me había regalado una rosa porque sí: no era ni Sant Jordi ni ningún día especial, y él me la regaló. Y me gustó el detalle y pensé que ese día era tan especial como cualquier Sant Jordi, incluso más.

Pues sí, mientras iba recordando con una sonrisa exterior aquel momento, alguien me llamó: "Ps, ps. ¡Oye, chica!". Como es normal en mí, los extraños suelen abordarme y hablarme, por lo cual, suelo responder. Mientras seguía caminando, le dije:
-Hola.
-¿Cómo estás? ¿Y la rosa?
-No tengo, pero no importa -y seguí mi camino, sonriendo.
-Ven. Pues toma: he estado esperando a que pasaras tú para regalártela.

Mientras veo la rosa descansando en una botella en mi casa, pienso que aquel nuevo desconocido apareció para confirmarme que el de ayer fue uno de los días de Sant Jordi más bonitos que he pasado.

30 de enero de 2009

Rincones especiales

Mi ciudad, Barcelona, más allá de las grandes imágenes que ofrece de monumentos y puntos turísticos, esconde mil y una pequeñas maravillas en rincones inverosímiles. Algunas de esas sorpresas en las que he detenido mi mirada son las siguientes:

Contra la especulación inmobiliaria, en el barrio de Vallcarca descubrí este dibujo y su mensaje: "Yo siempre vivía aquí, pero el ayuntamiento me ha echado. Y todo esto para que Núñez se llene los bolsillos".



En la calle Argenteria, en el Born, muchos habrán visto esta armería, con esos dibujos tan sesenteros de "los malos", objetivo para los disparos. Por no hablar del añadido de los adornos navideños "último modelo". ¡Muy kitch!


Si perdemos la llave de casa, ¡nos constará un poquitín alcanzarla, en lo alto de la cornisa, de la boca de este portero!



¡Alegría! Bailar mambo nos devolverá la sonrisa a juzgar por el mensaje de esta pared. ¡Ojalá todo fuera tan fácil!

25 de enero de 2009

Mi top10 de los últimos días

Este sendero de Tierradentro, Colombia, se parece mucho al que he caminado esta noche, en mis sueños, y al que se abre ante mí con miles de posibilidades. J.B.R. 2008
10 buenas noticias desde un punto de vista de lo más personal, que me conciernen. Ahí van:

1. Obama ya es presidente de los USA. Por sí sola, para muchos, esta noticia ya es una buena nueva. Pero lo que a mí me empieza a convencer es que ha hecho pública su decisión y, lo más importante, ha empezado a tomar las medidas necesarias para que se lleve a cabo el cierre del -me atrevo a llamarlo- campo de concentración ilegal de Guantánamo. Bien por él.

2. Estoy leyendo Algo que te concierne, de Juan José Millás. Simplemente maravilloso, genial, mordaz, sensible, ironía pura, pensamiento abstracto, surrealismo al servicio de la vida diaria, conexión eléctrica de neuronas a una velocidad superior a la habitual. Estoy fascinada con esta recopilación de muchas de sus columnas publicadas en el diario El País hasta 1995. Me la recomendó otro autor brillante -como escritor y como persona-, el colombiano Mario Mendoza, y ahora la recomiendo a todo aquel que quiera poner en acción el pensamiento crítico.

3. Terminé El gran Gatsby, de Scott Fitzgerald. Una muy buena historia, fluida, buenas descripciones... en fin, qué voy a decir yo no que no se haya dicho ya de este clásico del siglo XX. No conseguí borrar de mi mente a Robert Redford y Mia Farrow como encarnaciones de algunos de sus protagonistas: estragos de la cultura audiovisual-cinematográfica que, en este caso, bienvenidos sean.
Otra de las buenas noticias referidas a esta novela es que, con ella, he iniciado una larga lista de lecturas de clásicos que tengo pendientes y, que si no logro leer, consideraré que sigo siendo una ignorante iletrada.

4. Creo que los vendavales de estos días han barrido un montón de malas y/o viejas ideas, historias, sentimientos, etc, y que han dado paso y han dejado espacio a nuevas visiones, concepciones del mundo, a pequeña y a gran escala, es decir, tanto en nuestras vidas particulares como en el discurrir del mundo. Y si no, no se me ocurre mejor ejemplo que la toma de posesión de Obama y la tregua en Gaza.

5. Tengo un ordenador nuevo, ¡por fin! y con él podré editar las imágenes que grabé en el Cauca hace casi un año (horror y pavor, ¡cómo pasa el tiempo!).

6. He hablado con amigos de los que hacía tiempo no sabía nada - aunque he dejado de hablar tanto con los que hablaba más a menudo. Todo tiene su cara B.

7. Estoy teniendo experiencias múltiples en entrevistas para trabajos de diversa índole, lo cual me resulta muy enriquecedor, dada mi natural inquietud. Veremos qué se materializa de todo ello.

8. He vuelto a escuchar muchos de los cds que hacía tiempo no oía, gracias a mis dos estupendas torres Ikea para organizarlos, que mi querida mamá me regaló en Navidad, y que monté con éxito a pesar de no encontrar las instrucciones que las acompañaban hasta tener lista la primera. Ahora los veo todos ahí, ordenaditos, y me muero de felicidad.

9. Últimamente estoy recordando, al despertar, muchos de mis sueños, lo cual me encanta porque me motiva para dormir feliz, como promesa de nuevas y sorprendentes historias vividas-soñadas. Sin ir más lejos, esta noche estuve viajando por la India, a lomos de un pequeño camello por senderos escarpados de una montaña, mientras me perseguía... eso no lo recuerdo.

10. Ayer volví a colaborar en la reunión de mujeres estudiantes gitanas, que organiza anualmente la asociación Drom Kotar Mestipen. Estuve en la ludoteca, jugando con los niños durante 7 horas y fue una inyección de energía, aunque a la vez fue agotador. Plastilina, un mural donde usar las témperas, plastidecores, piruetas en las espalderas del gimnasio, peleas y reconciliaciones, reparto de meriendas y despedidas. Me reafirmo, los niños son lo mejor y quiero estar en contacto con más criaturas que todavía están sin corromper para recuperar muchas ilusiones perdidas.

18 de diciembre de 2008

Casavella, in memoriam

Me he quedado sin palabras. Me he quedado casi sin respirar. Francisco Casavella se ha ido y la literatura se ha quedado sin su cronista de la Barcelona underground, sin quien mejor retratara los bajos fondos y el descaro de la ciudad pre y postolímpica.
Y yo sigo sin reaccionar. Me fascinaba su forma de describir ambientes, personajes, épocas... Su prosa era -sigue siendo y será- fresca, valiente, precisa, muy actual, imperecedera.

Mi visión de Casavella como artista pop que era
Francisco Casavella ya no está pero queda su obra. Y, ahora, cuando hace sólo un día que se fue, no hago más que recordar cuando leí Un enano español se suicida en las Vegas. Entonces pensé que por fin estaba leyendo a un tipo que había recorrido y vivido en el otro lado de Barcelona, en la misteriosa cara B del hit. Un tipo versátil, que zigzagueaba cómodamente desde Pedralbes a los portales oscuros y húmedos del Barrio Chino (lo del Raval llegó luego).
Y quedé irremediablemente rendida a los pies de Casavella como autor con aire de maldito.

Años más tarde leí El día del Watusi y al poco, asistí a una sesión del Máster de Edición de la UAB, en la que Francisco Casavella daba una charla junto a Rodrigo Fresán e Ignacio Vidal-Folch. Y disfruté del fino sentido del humor de todos ellos, pero en especial del de Casavella, un tipo que me pareció altísimo y algo tímido. De esa clase de timidez que caracteriza a la gente brillante y que, además, les impregna de un halo de misterio tan literario.
Recuerdo, también, que poco tiempo después, sería a principios de 2007, me pareció ver furtivamente a Casavella sentado en la barra de un bar en el Born. De hecho, estoy convencida de que era él, porque su perfil flotaba entre el humo y la lánguida luz azul del local, una situación como la que él mismo hubiera escrito.

Y con ese misterio se ha ido Casavella, como poniendo punto final a su vida de un modo que podría ser el de alguno de los protagonistas de sus novelas.
La inspiración tomó las alas de Casavella y los dos partieron, ayer, sobrevolando las azoteas de Barcelona.

Más info
El País: "Muere el escritor Francisco Casavella"
Su último artículo inédito: "Yo era una chica moderna"
Una crítica de Un enano español... (1997)
Francisco Casavella en Wikipedia
Este post, "Casavella, in memoriam", publicado en El Mercurio Digital


Entrevista a Casavella en La 2 Noticas, enero 2008 (tras ser premiado con el Nadal por "Lo que sé de los vampiros")



29 de noviembre de 2008

Sábado

Salmón, malva y gris,
suave es la nube que descansa sobre mí.
Las gaviotas revolotean sobre el asfalto
y la tarde se despide en mi regazo.
Ya la noche de otoño cae, transparente,
bello espectáculo por el que la ilusión florece.

1 de noviembre de 2008

Curiosity killed the cat

Echando un vistazo desde una pared de Madrid. Julio, 2007Me doy cuenta, mientras vuelvo a casa caminando de noche, de que suelo mirar a los ojos a todo aquel con quien me cruzo. Y ésa es la fuente de la mayoría de mis problemas.
Puede parecer algo superficial o vano, pero esta idea me ha llegado con fuerza, en una especie de flash iluminatorio, de ésos que me suelen asaltar cuando camino en la noche, cuando hay menos ruido y puedo escuchar lo que me quiere contar mi cabeza.

Tampoco es para exagerar, ni sobre los probblemas que tengo ni sobre la influencia que en ellos ha tenido esta característica mía. Pero bueno, el hecho de mirar a la gente a los ojos, como escrutándolos un poco, pues sí que ha desencadenado muchas de las cosas que me pasan, de poca o cierta importancia.

Es por eso que, por ejemplo, cualquier cantidad de gente -como dicen los chilenos- me escoge s-i-e-m-p-r-e para preguntarme direcciones a seguir para llegar a un sitio, no importa la ciudad o pueblo del mundo en el que me encuentre. Como si llevara una i de información a modo de sombrero.

Es por eso, también, que todos los personajes pecualiares que deambulan por la calle se deciden a hablarme como si me conocieran de toda la vida. Ya sean homeless, borrachos, buscadores de putas, guiris -extranjeros de tipo rubio anglosajón- de medio y de alto pelo, latino, chinos, magrebíes... Da igual. Incluso algunos mendigos me han llegado a dar unas monedas al pedirme algo de cash y decirles que yo tampoco andaba del todo sobrada de money.

Por no hablar de mis -ya comentados en otros posts- desconocidos acompañantes espontáneos nocturnos en el camino a casa (aclaro, acompañantes desconocidos sólo de paseo... a los otros -de haberlos- no se me ocurriría comentarlos en público, obviamente).

Total, que no sé si se trata de algo bueno, malo o regular, pero de lo que sí estoy segura es que al mirar a alguien a los ojos se genera una especie de confianza que, a veces, a lo único que lleva es a ser objetivo de mentes rápidas, en especial en el campo laboral. Me explico: esas mentes sagaces, y casi siempre mezquinas, la escogen a sumercé -como dicen los colombianos- como espalda en la que cargar amplias responsabilidades que les corresponden a ellas. Y hasta que aquí la mirona se percata de la jugada, pues es casi tarde.

En definitiva, que cada día me digo eso de que la curiosidad mató al gato. Pero mis ojos son más rápidos que mi voluntad.

14 de septiembre de 2008

Estáis invitados a la 5ª expo Barceloneta Residents

Cactus y ropa tendida. 2006. copyright Judith Belmonte Rivera.
Un año más, quisiera invitaros a ver unas cuantas de mis fotos. Será el próximo jueves 18 de septiembre a partir de las 19:30h en el Centre Cívic Barceloneta, dentro de la expo Barceloneta Residents.

Ésta es la exposición colectiva de los artistas que residen en el barrio de la Barceloneta, ya sea en calidad de habitantes que además son artistas de cualquier disciplina creativa, o en calidad de artistas que ejercen, ponen en práctica su creatividad dentro de los márgenes del barrio de la Barceloneta. Es decir, son artistas residentes del barrio en esta doble vertiente, en este doble sentido.
La expo Barceloneta Residents llega en 2008 a su quinta edición impulsada por el Centre Cívic Barceloneta, también residente en el barrio desde 1994.

Bueno, os espero a todos el jueves y, si no podéis, os invito a daros una vuelta por la exposición hasta el 10 de octubre.

(*)La foto "Cactus y ropa tendida" es una de las que expondré en Barceloneta Residents '08.

Barceloneta Residents '08 del 18 septiembre al 10 de octubre
Maria Vital, Pepita Català, Patxi Fernández, Santiago Lucas Guardia, Esther Gil, Trish Scout, Diego Alejandro Cardillo, Grupo de Fotografía C.C. Barceloneta, Betty Rodríguez, Equipo Falso, Jaume Font, Judith Belmonte, Ki-Dor, Sergi Rabassa, Laia Sisteró, Josep Orts, Laura Sisteró, Albert Plaza, Jordi Granada, Manel Vergé, Anni Siranne Karouni, Hermann Orduña, Andreu Bou, Carles Roca, Susana Velázquez, Lucía Ruiz Magariño, Santiago Mercado, Teodoro Vizcaíno, José Antonio Rodríguez, Luciano Camardón, Kardo Kosta, Eduard Homedes, Laura García, Liz Kueneke, David Rubio, Mª Rosa Vergés, Maite Núñez, Carmen Mozo, Francisco Gárnica y Gillian Thompson.
*Inauguración el jueves 18 de septiembre a las 19.30h con accions y sorpresas artísticas.
*Visita guiada con los artistas, martes 7 de octubre a las 19h.
*C.C. Barceloneta, c/ Conreria, 1-9, Barcelona.

24 de julio de 2008

Mirar sin querer ver

Foto hecha y cedida por Boris Matijas
Hace un par de días caminaba por los alrededores de Plaza Catalunya, en Barcelona, hacia el mediodía. Sí, debió ser el lunes.
El semáforo me detuvo en la acera de Ronda Universitat, donde esperé pacientemente a que el disco cambiara a verde. Y, de pronto, un señor se paró a mi izquierda, algo perfectamente anodino porque se trataba del cruce de una calle con el sémaforo en rojo.
En otras circunstancias no me habría ni percatado de su presencia, pero el otro día éramos pocos los que esperábamos para cruzar la avenida. Así que, como yo lo miro todo, noté su llegada y giré mi cabeza hacia la izquierda y le vi. Se trataba de un hombre tranquilo, que no desprendía ningún olor especial -ni bueno ni malo- y que, si le mirabas a la cara, no mostraba señales aparentes de transtorno mental.
Pero iba completamente desnudo, absolutamente, y descalzo, portando en la mano una especie de rama-bastón y, colgando del hombro, una bolsa. A pesar de tener facciones caucasianas, parecía un aborigen australiano fuera de lugar y de tiempo, perdido en la selva de asfalto. Y nadie le miraba, es decir, sí, le mirábamos todos pero a la vez todos nos comportábamos como si nada extraño sucediese.

En principio yo fui la única que hizo evidente su presencia, porque inmediatamente cambié el sitio de espera del semáforo y me alejé de él. También inmediatamente no me sentí bien por haberme cambiado de lugar, aunque fue un acto reflejo, de autoprotección ante lo diferente, lo desconocido y el no saber cómo puede reaccionar una persona que se dirige de una forma tan al margen de lo establecido por nuestra sociedad. Digamos que mi reacción fue instintiva, la llamada animal de supervivencia ancestral me hizo cambiarme de sitio. No fue una cuestión de moral ni de represión sexual, ni de veto ante la libertad de los demás, de eso estoy segura. Pero me cambié de sitio y, con ello, al menos manifesté que había visto a ese hombre, que existía y que algo nos está pasando en nuestra sociedad si todo el mundo finge que no lo ve, y que no pasa nada porque un hombre se pasee desnudo por la ciudad.

Probablemente ese señor tenga sus fuertes convicciones y reivindique el derecho a andar desnudo o con lo que se le antoje ponerse. Pero quizás lo que pasa es que ha llegado a un punto en el que reniega de la filosofía impersonal en la que estamos sumidos en el mundo occidental y con su desnudez hace un acto de protesta. O quizás su mente está ya fuera de este mundo. No lo sé. Pero lo que creo es que no podemos mirar sin querer ver los problemas de las demás personas que nos rodean, porque son los nuestros propios. Porque quizás nosotros no somos tan valientes como el caminante desnudo para protestar contra las reglas de un juego que no nos gusta desde hace tiempo. Que nos aísla y nos convierte en meros peones de un ajedrez que no controlamos.

La noche que siguió a aquella mañana hablé con B. y, sin habernos explicado antes nada sobre el caminante desnudo, me dijo fascinado: "Mira, ¡te tengo que enseñar unas fotos!". Activó su cámara digital y allí vi al paseante aborigen occidental al que B. le había tomado unas instantáneas desde el balcón de su casa. A lo largo del día, el caminante había recorrido desnudo toda la ciudad, sin que lo detuviera la policía por escándalo público, de lo cual me alegro profundamente porque ello denota que la desnudez ya no escandaliza a nuestra sociedad como hace 20 años.

Pero el hecho de que el señor desnudo hubiera campado sin problemas por la ciudad durante todo el día, también me hace reflexionar sobre lo impersonales que nos estamos volviendo, porque ya ni miramos al que tenemos justo al lado, y si le hemos visto, no nos importa lo más mínimo que le suceda. Si te he visto no me acuerdo, que dicen.

Al menos, el que gente como B o como yo misma nos sigamos sorprendiendo por situaciones como ésta me hace pensar que quizás seamos muchos más los que no soportemos el rumbo excesivamente individualista, socialmente egoísta de las cosas.
* Foto de Boris Matijas